Los meses malditos

Suelo estar satisfecha con lo que soy, me siento muy a gusto con lo que hago, con mi profesión, aunque muchos consideren que es aburrida y monótona. Yo me siento afortunada con mi quehacer diario.
Pero dentro de tanta satisfacción siempre hay algún aspecto no tan agradable, y ese aspecto menos satisfactorio se concentra en 4 meses del año: enero, abril, julio y octubre. En estos meses invariablemente Hacienda llama a la puerta de los contribuyentes por cuenta propia.
Son 4 meses, en los que muchos de nosotros temblamos cuando sabemos lo que nos toca pagar. Y en mi caso, a mayores, cuando a mis clientes les comunico la noticia de lo que tienen que pagar me produce una gran desazón, porque por muy previsores que seamos, siempre, el importe del impuesto supera nuestras expectativas.

Como todo en la vida, hay multitud de reacciones, hay quien lo acepta y se resigna, hay quien protesta y clama al cielo y hasta está el que me echa la culpa de todos los males del mundo.
Pero aunque nos moleste pagar impuestos, hay que pensar y ser consciente, que siempre es preferible pagar, es una señal evidente de que en nuestro negocio los ingresos superan a los gastos y eso se traduce en beneficio.

Si en la vida diaria es preferible dar que recibir, lo mismo debemos aplicar a la hora de pagar impuestos.

Ahorro cerdito